Repensar el legado teórico económico de Hugo Chávez (+Fotos)

10968427_797986070256184_627984984265079215_n Ecléctico, alquimista, integral, dialéctico, esos fueron algunos de los adjetivos que usaron para describir a un hombre y su pensamiento, en la presentación del libro El pensamiento económico de Hugo Chávez, realizada este viernes en las instalaciones de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Caracas. En la mesa de debate, enmarcada en el Foro Permanente de Pensamiento y Acción, participaron Alfredo Serrano Mansilla, autor del libro; Maryann Hanson, rectora de la Universidad; Luis Salas, director del Centro de Estudios de Economía de esa casa de estudios; y Ricardo Menéndez, vicepresidente de Planificación y Conocimiento.


Prensa MPPC (Texto: Marco Teruggi / Foto: Óscar Arria)

El objetivo del espacio de encuentro fue reflexionar acerca de los aportes sobre economía desarrollados por Hugo Chávez a lo largo de su vida, un aspecto pocas veces abordado. “El pensamiento de Hugo Chávez es teóricamente sólido, y no fue hecho solamente desde la academia, sino construido desde la práctica política”, reseñó Luis Salas.

Mansilla hilvanó en su ponencia –retomando las líneas de su libro– los diferentes momentos atravesados por Chávez en materia económica, etapas que se encontraron íntimamente ligadas a sus lecturas, así como a la realidad que lo circundaba.

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Así, desde sus lecturas de la década del setenta sobre los presidentes desarrollistas, nacionales y populares –como Omar Torrijos y Juan Velasco Alvarado–, pasando por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), hasta llegar a István Mészáros en los últimos años, su método “siempre fue dialéctico; es decir, sin miedo a las contradicciones, porque no hay proceso de cambio sin contradicciones”, explicó Mansilla.

Y si bien Hugo Chávez no estaba atado a una teoría económica –“Yo soy un poquito de todo”, dijo al asumir su primera presidencia–, sí manejó de manera clara dos niveles de pensamiento y acción: el táctico y el estratégico. “Por un lado, la economía ya, la deuda social; y por el otro, el estratégico”, analizó Mansilla. De allí la creación de lo que denominó el Estado de las Misiones: la apuesta innegociable por la inversión social, no atada a la tasa de ganancia del capital.

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Porque en el centro de su pensamiento siempre puso al ser humano, desde la Agenda Alternativa Bolivariana hasta el último día. Y si la economía siempre ha sido una decisión política –aunque el consenso neoliberal quiso mostrar una separación entre economía y política–, la certeza de Hugo Chávez fue la apuesta por el pueblo y su larga historia de necesidades postergadas: vivienda, salud, educación, etc., como sostuvieron en el debate.

Entonces, hasta el 2006 su esfuerzo central estuvo puesto en resolver las necesidades básicas insatisfechas: el hambre y la producción de alimentos. En esa fecha ya había anunciado el horizonte socialista –bolivariano y del siglo XXI– del proceso venezolano y comenzó a plantear la necesidad de cambiar el modelo económico:

“Chávez identificaba cuándo se había agotado un horizonte estratégico y había que cambiarlo, por eso dio el salto cualitativo con el anuncio del socialismo”, afirmó Mansilla, quien se detuvo sobre la concepción nacida en los últimos 4 o 5 años.

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En efecto, siguiendo los conceptos trabajados por István Mészáros, el marxista húngaro, Hugo Chávez fue percibiendo los cambios en el metabolismo del capital: “El capital se fue reacomodando –después de renunciar a la renta, luego de los intentos de Golpe de Estado– en las casas, y comenzó a disputar el destino de la renta petrolera y ya no el origen”.

Al haberse democratizado el consumo con la Revolución –como parte del primer momento bolivariano–, el capital fue a buscar la renta petrolera perdida a cada hogar. Así se fue conformando un rentismo importador, una burguesía improductiva dedicada a comprar productos fuera para revenderlos en el país.

Eso, percibido por Chávez, conformó el cimiento para la actual guerra económica. Por eso su última insistencia estuvo puesta en llevar adelante una revolución económica: “La única manera de hacer irreversible el proceso es hacer una gran transformación productiva contra el rentismo importador”, señaló Mansilla, retomando las ideas de Chávez.

Pero no solamente se trató de proyectar y comenzar a implementar una nueva capacidad productiva sino también, y sobre todo, de democratizar el aparato productivo. Allí cobró fuerza un elemento que ya venía trabajando: lo comunal como sujeto protagónico destinado a encabezar esa transformación, poniendo en pie una economía comunal que no fue pensada para ser de subsistencia, señaló Menéndez.

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En la economía comunal fue proyectada gran parte de la posibilidad de “construir las bases materiales y financieras del socialismo”, resaltó el Vicepresidente de Planificación y Conocimiento. Y Hugo Chávez quiso ponerse a la cabeza de esa nueva batalla. Por eso, hasta sus últimas horas fue buscando respuestas, elaborando papeles de trabajo, informes, números. Sabía que allí estaba el necesario salto, el paso a lo nuevo, luego de haberse agotado el antiguo horizonte estratégico económico.

Y esos pilares del pensamiento de Hugo Chávez son los que guían las medidas actuales del Gobierno: por eso ante la caída del precio del petróleo, el presidente Nicolás Maduro decidió, por ejemplo, mantener el gasto social. Porque eso siempre formó parte de lo innegociable, del modelo que se construyó poniendo al ser humano como centro.

En cuanto a la revolución productiva, que ha venido dando sus primeros pasos, será como la presentación del libro: demanda y demandará del aporte de todos, de una reflexión académica, popular, obrera, chavista, del mejor invento de un pueblo y su Gobierno.

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