Cineasta Carlos Brito: contra la prepotencia en el documentalismo

carlsobritoEl viaje comenzó en Santiago del Estero (Argentina) hace unos cinco años ya. Luego, pasó por su hermana Uruguay, Ecuador y Bolivia, para finalizar el recorrido en tierras yaracuyanas, en la Venezuela bolivariana. El rodaje del documental Primero la tierra, del director Carlos Brito, atravesó estos escenarios con la intención tajante de que se escuchen las voces de quienes por siglos han sido sometidos a la exclusión de la tenencia de la tierra, a quienes desde el campo han luchado por abolir la segunda esclavitud: los pueblos originarios y campesinos.


Texto: Prensa MPPC (Juan Ibarra / Fotos: Orlando Herrera)

“Era ver de qué manera sigue viva una memoria, y de qué manera se está enfrentando a un modelo que pareciera cercenar esa memoria”, contaba Brito este viernes 20 de febrero, desde la Cinemateca de San Felipe (Yaracuy). Allí, en paralelo con Bolivia, se estrenó oficialmente la cinta.

Entre esos objetivos trazados para el producto final, hay uno que considera fundamental: mostrar “de qué manera desde el recuerdo de la tierra y desde el recuerdo de las luchas –aquí hace énfasis– por la tierra se puede seguir alimentando una esperanza”.

De ahí, no resulta casual el tránsito discursivo de la película: todo comienza con la “siembra del deseo”, como se escucha entre las primeras escenas, y culmina con el florecer de los pueblos: “Nos estamos levantando”, diría hacia el final una de las entrevistadas del Ecuador.

Los pueblos fundamentalmente indígenas donde fue rodada “se van a reconocer en un cuento que ellos se saben”, aseguró también Brito, quien añadiría que “este es un documental que más está hecho para que sea visto por aquellas audiencias que no tienen idea de lo que significa el peso histórico de las luchas por la tierra”.

Se refiere a quienes han estado lejos de esas realidades, insertos en las dinámicas de las ciudades, para sensibilizarlos sobre el tema. Pero, sobre todo, para que escuchen las voces de la propia gente y conozcan su devenir en el tiempo.

Sobre el protagonismo de los propios luchadores, fue enfático: “Cierto documentalismo está cargado de mucha prepotencia, como que el documentalista es el que tiene algo que decir y tiene cosas que comunicar y cree que somos muy importantes. Yo prefiero darle la voz a los que sí tienen cosas que decir. Prefiero que sean ellos los que construyan su memoria”.

En cuanto a la iniciativa de realizar este documental, se fundamenta en una clara necesidad: “Seguimos enfrentados a una enorme deuda histórica, y seguimos alentando la misma esperanza”.

Papel del cine en el país, su actualidad, lo que viene

“Sirve para seguir resistiendo todo aquello que intenta rebajar la vida humana y seguir creando espacios donde nos podamos reconocer”, dijo Brito sobre el papel del cine (específicamente el documentalismo) en el contexto de transformación social que vive la Venezuela bolivariana. “Creo que el espacio por naturaleza para seguir pensándonos de verdad, con seriedad, es el documentalismo”, reiteró.

Además, ve con buenos ojos el giro temático del cine venezolano en tiempos recientes, pues contribuye a crear comunidades de sentido, algo que considera necesario: “No sólo comunidades humanas, sino juntos construir un sentido interpretativo. A eso apuesto yo con el documental”.

Su análisis sobre ese objetivo da fe de un avance transformador y de nuevos retos, como es lógico en una revolución: “Estamos logrando, con mucho tanteo, con muchas equivocaciones a veces, un discurso que cada vez más nos está perteneciendo. Y yo creo que ahí el documentalismo tiene mucho que hacer, mucho que pensarse”.

Para esto, consideró muy importante defender un espacio que se ha ido ganando a pulso: “El hecho de que nosotros estemos llevando documentales a salas de cine, sacarlo del televisor”. Esto, para él, afianza esa construcción de sentido colectivo. “Palabras que parecieran abstractas, como soberanía, como independencia, como autodeterminación, son palabras que empiezan a tener carne, y uno comienza a reconocerlo en los pueblos”, es el análisis que hace sobre ese avance que se está dando en todo el continente.

El documental recientemente estrenado rodará por las distintas salas de la Cinemateca, además de los espacios recuperados de Caracas. Además de su proyección en Bolivia, recorrerá los países de los protagonistas del filme: Ecuador, Uruguay y Argentina.

Igualmente, se plantea prioritariamente su circulación en los países del Alba. Y es que el realizador es contrario a la lógica de muchos documentalistas, de mostrar primero en festivales internacionales para unos dos años después traer las cintas a Venezuela.

Y en respuesta a eso, además, Primero la tierra irá a espacios no convencionales, por la necesidad de que no se estanque en las salas de cine: “Independientemente de que esos sean los canales oficiales de arranque, yo creo que la vitalidad de un documental corre por otro lado, transita otro curso. Yo creo que el documental debe rodar en comunas, consejos comunales, organizaciones campesinas. Empujaré para que así sea”, sentenció el director, quien considera también que “la razón de un documental no es solamente exponer, sino interpretar y abrirse a las interpretaciones. Lo sabroso es hacerlo en comunidad”.

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