Kevin Johansen: “Hago un poco de todo, o de nada”

Kevin-Johansen-JM-21_WEBKevin Johansen estuvo en Caracas para participar en el Festival Suena Caracas 2014, que marcó el inicio de la fiesta navideña. Latinoamericanista, como se define, cree en la creatividad como señal de libertad y de protesta.

Texto: CiudadCCS

El apagón del jueves 4 de diciembre, causado por una falla en la subestación Boyacá, según reportaron los medios, hizo que el lugar establecido por los organizadores del 1er Festival de Música Latinoamericana Suena Caracas 2014 para entrevistar a Kevin Johansen se moviera del salón Neverí del Meliá Caracas a un pasillo contiguo, quizá menos oscuro. Faltaban pocas horas para que el gringo-argentino de 50 años —junto a Rancho y los Elefantes Durmientes y José Alejandro Delgado— se presentara en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, pero no hubo presiones con el tiempo, tal vez obra del momentáneo caos eléctrico. Durante 20 minutos de conversa, Johansen, porteñísimo de habla, no se quitó los lentes de sol.

—Eres gringo. ¿Te sientes gringo?

—Obviamente tengo metida la cultura gringa y aprecio lo bueno de esa cultura. La música y la autocrítica que tienen cuando son autocríticos. La apertura, cuando son abiertos, a otras culturas, porque no está bueno cuando una cultura se cierra. Obviamente es un gran imperio, una gran industria, y nuestros oídos han sido atacados por lo que proviene de su cultura, en el buen sentido y en el mal sentido. Hay una dualidad, siempre una lucha. Aprecio lo que hay que apreciar y critico lo que hay que criticar. Por eso mismo veo la parte linda de la Argentina de Buenos Aires y también lo cerrada que puede ser. Pero creo que eso es más humano que otra cosa. Ninguna cultura es dueña de eso. La pequeñez humana está en todos lados, también la grandeza. Aunque soy bicultural, me siento más argentino que el dulce de leche, porque fue donde me crié de mis 11 a mis 26 años. Si bien viví en Nueva York durante 10 años, estaba con amigos latinoamericanos, argentinos. Es el mundo conectado, no es Estados Unidos. El proyecto The Nada nació allí, en Nueva York.

—Esa dualidad está presente en tus canciones: el bilingüismo, el doble sentido, el juego de palabras. También el comentario político inteligente…

—Fui educado por una madre soltera, una madre argentinísima que se casó con un gringo porque fue a estudiar becada a Denver, Colorado. Mi viejo era un gringo piola, que no quiso ir a Vietnam; era un gringo democrático, abierto. Mi madre fue la primera bolivariana que conocí, porque era superlatinoamericanista. Y ella decía en broma: “Uy, qué hice yo, que soy socialista, feminista, antiimperialista y me fui a casar con un gringo de Denver”. Era como el chiste en casa. Entonces soy de la generación de una madre con casetes de Violeta Parra, Víctor Jara, toda la música caribeña y revolucionaria de la época. Me crié imbuido en un mundo muy latinoamericanista, muy de juntar y de celebrar las diferencias entre nosotros pero también de encontrar el lenguaje común. Eso lo tengo muy arraigado.

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—¿Cómo se le canta a Latinoamérica en el siglo XXI?

—Somos los herederos de esos grandes cantautores que componían canciones y eran amenazados, censurados, maniatados, asesinados. Soy de la generación de los albores de la democracia en Argentina, la vuelta después de la dictadura, soy hijo de los 80, una generación de poder cantar sobre lo que se nos cante, y eso conlleva una nueva responsabilidad, obviamente con mucho más desparpajo. Se habla mucho ahora de que la fiesta y la creatividad son la nueva protesta. El último bastión de “no nos joderán” o “no nos vencerán” es eso, vamos a hacer fiesta, vamos a ser vivos, alegres y libres. La creatividad como señal de libertad y de protesta es la nueva forma. Llamo a esto canciones de “profiesta”. Si yo cantara sobre la libertad como lo hacían 40 años atrás Serrat, León Gieco o Charly García, sería un “cansautor”, porque sería un demagogo facilista cantando sobre lo mismo. Y no, se cantan sobre nuevas libertades. Con Liniers y los The Nada estuvimos frente al Congreso de Argentina hace unos años y cerramos la noche cuando se votó la Ley de Matrimonio Igualitario.

—¿Cómo te caía Chávez?

— Me parecía un personaje como de película y de comics, con mucha valentía. Eso de decir en la ONU “huele a azufre…”; ahí creo que nos enamoró a todos. Tenía las grandes contradicciones que tienen los grandes líderes. Creo que por momentos tenía una cosa actoral, y era como pará, bajá un poco, pero me parece que fue un personaje muy necesario, una persona muy valiente en el momento que había que serlo. Hubo cariño, con nosotros los argentinos hubo una conexión muy linda. Y con los Kirchner, como con Lula en su momento. Ojalá quede lo mejor de eso. Lo que tengo es el deseo, ahora que no está, de que pueda trascender lo más importante de esa conexión. Creo que el gran logro es ese: encontrar el momento justo para decir que somos uno, que tenemos nuestras diferencias pero celebramos nuestras diferencias. El gran logro de Chávez fue acercarnos.

Más que porteño

Kevin Johansen nació en Alaska y salió a recorrer. Montevideo, Buenos Aires y Nueva York conocieron su propuesta antes de que grabara, en el año 2000, su primer disco: Kevin Johansen + The Nada. El CBGB’s, legendario local alternativo de Manhattan cerrado en 2006, donde se iniciaron bandas como The Ramones y Blondie y pasaron otras tantas como The Beatles, The Clash, Bob Marley & The Wailers, Guns n’ Roses, U2 y Sentimiento Muerto, fue su escuela musical. “Cada ciudad tiene su música y sus sonidos. En Nueva York obviamente se escucha más jazz y lenguajes universales, como el bossa nova, el pop, el rock. Buenos Aires también tiene el lenguaje universal del rock, pero hay tango, folclore… tiene algo más sureño. Caracas tiene el sonido de la salsa, más caribeño, y el joropo; esa mezcla geográfica que ustedes tienen. La geografía y el clima marcan las culturas y, por ende, el ritmo musical. Ustedes viven un agite. Puse una foto en Instagram llegado a Caracas, anoche, y alguien escribió: ‘Bienvenido a Caracaos’. Soy muy amigo del caos, así que me gusta”.

—La cualidad de “desgenerado” supone una renuncia al público masivo

—No, al contrario. Es buscar la posibilidad de conectar con mucha gente. Hoy por hoy creo que uno puede ser masivo de culto, o masivo global, o masivo de culto global, como un director de cine que tiene mil fans en Japón, Río de Janeiro, Caracas o Buenos Aires. Es un poco el fenómeno de los últimos años. Noto que piden las mismas canciones en todas partes, sobre todo en Latinoamérica. Mi sueño no es para nada elitista; al contrario, el sueño de cualquier cancionista, muy básico, es que canten tus melodías la señora que barre la vereda, el kiosquero de la esquina…

—¿Y eso ocurre?

—Creo que sí. Empieza a ocurrir. Hace unos años tengo un público más humilde, y de clase media, padres jóvenes con hijos, pero también me toca la adolescente punki con piercings, o la “cumbiera intelectual” de 40 años. Creo que en esa amalgama el público es mucho más abierto que antes. Al principio sí era más alternativo, más bicho raro. El nombre gringo también como que despista. “¿Argentino? ¿De dónde es este?”. Creo que con el tiempo se fue consolidando eso, que hago un poco de todo, o de nada.

—Sin prejuicios…

—La música y el tiempo son un gran misterio. También los prejuicios musicales. Recuerdo que en la secundaria escuchábamos The Wall de Pink Floyd, y estábamos consustanciados con el mensaje y la música, y “flashando” con el sonido de los helicópteros. Después venía The Police con “Du du du; da, da, da” y decíamos “¿quiénes son esos estúpidos?”. A los seis meses caíamos de rodillas frente a la genialidad de The Police. La música y el tiempo siempre te demuestran que hay que ser lo menos prejuicioso posible y estar abierto hasta a lo que te parece feo. Por ahí un sonido te parece desagradable y después, cuando lo vuelves a escuchar, dices: “Ah, pero estaba bueno”, porque el arreglo estaba bien hecho, y estaba superbién producido. Me hace acordar un poco de lo que decía el inglés Bryan Eno, que nadie hablaba bien de Abba pero después todos íbamos a casa escuchar Abba porque estaba muy bien hecho.

Lenguaje universal

A Kevin Johansen + The Nada le han seguido otras cuatro producciones discográficas: Sur o no sur (2002), City zen (2005), Logo (2007) y el álbum doble Bi (2012), que incluye Jogo y Fogo. En 2010 grabó un CD/DVD en vivo junto al historietista Ricardo Siri, más conocido como Liniers, con varios de sus temas más populares.

—“Campo argentino” suena a road movie. “El incomprendido” te lleva a un bar. “Desde que te perdí” ayuda a llevar un despecho con dignidad. ¿“Sur o no sur” podría ser el himno de la llamada clase media de Latinoamérica?

—Y de la trabajadora… Ojo. También puede ser del proletariado, sobre todo en México y en los países que realmente tienen ese sur o no sur profundizado. Pero sí, obviamente que toca a una clase media latinoamericana tradicional. Soy hijo de esa clase media a la que no alcanzaban los pesos para solventar los gastos, siempre estaba ahí con lo justo, pero teníamos un bagaje cultural muy rico. Eso, por lo menos en Argentina, fue muy pronunciado en los años 60 y 70.

—Ya has compartido escenario con José Alejandro Delgado. ¿Qué opinas de su trabajo?

—José Alejandro Delgado es un gran parcero, de los de la nueva camada, que están investigando, experimentando, y tiene con qué: autoridad y esa curiosidad que es fundamental para cualquier creativo, con la riqueza que tiene la música venezolana, muchos ritmos tradicionales y, además, el lenguaje universal del rock, que conocemos todos. Está muy bueno lo que anda haciendo. Tiene universalidad y una identidad muy venezolana. Es un “desgenerado” venezolano

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