Los yukpas, hombres “árboles” sin tierras para echar raíces

13 OCT YUKPASKemoko, Dios de los yukpa, andaba caminado por el monte y vio cómo de los árboles manaba sangre cuando un pájaro carpintero los picaba. Por eso, presintió que esa sangre era la vida de los humanos, cortó todos los árboles y de ellos salieron los hombres y mujeres que generaron sus comunidades.


Panorama (Texto: Yesenia Rincón Castellano)

Los hombres árboles pasaron de poblar entre Colombia y Venezuela, desde el valle del río Cesar hasta el Lago de Maracaibo, a morar en el piedemonte de la Sierra de Perijá del estado Zulia, región donde el censo de 2001 contabilizó 10.424 yukpas, en los que, a decir del Instituto Nacional de Estadística, allí entran cinco subgrupos, diferenciados por sus variantes dialectales, la ubicación en espacios específicos dentro del mismo territorio y la relativa independencia sociopolítica.

Muchos de ellos migran en familia a municipios urbanos como Maracaibo y San Francisco, principalmente. La razón de la migración parece ser obvia: hambre, falta de centros de salud y búsqueda de trabajo, que en muchos casos, llegan a la mendicidad. Más a ello, los antropólogos agregan los conflictos por la tenencia de las tierras.

Zaidy Fernández, docente e investigadora de la Facultad Experimental de Ciencias, quien hizo un diagnóstico de esta etnia indígena, explica: “Uno de los motivos de esas migraciones de los yukpa está relacionado con los conflictos de tierras con algunos ganaderos de la Sierra de Perijá, aunque también están presentes los traslados por enfermedad o la necesidad de explorar otras oportunidades”.

Johnny Alarcón, de la licenciatura en Antropología de la misma facultad, añade: “La tierra y el ecosistema bondadoso de la Sierra de Perijá, que además esconde en sus fauces tesoros energéticos, han hecho de la demarcación de tierras un tema de intereses y solicitudes. Son demasiados intereses: está el de los parceleros, ganaderos, mineros, el gobierno, los paramilitares, la guerrilla y los narcotraficantes así que no es fácil la convivencia, ni la demarcación”.

Vicente Anane, poblador del El Tukuko explicaba que a pesar de haber sido entregados títulos a algunas comunidades Barí y Yukpa, no cumplieron las expectativas de las comunidades indígenas. “Se dijo que iba a ser el de un territorio continuo que nos permitiera seguir viviendo como pueblo, y lamentablemente los títulos que se han entregado son pedazos nada más”.

Alarcón explica que corresponden a porciones de tierra tipo islas en los que hay espacios que no permiten que el pueblo pueda reconocerse en un territorio.

Anane destaca que muchos son los problemas sociales que tiene esta etnia indígena, más el territorio es el punto de partida. “Con tierras seguras vendrían otras luchas, por la alimentación, salud y educación de nuestros hijos”.

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