Arthur Miller usó el teatro para escenificar al anticomunismo como histeria colectiva

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Miller, quien fue esposo de Marilyn Monroe, se negó a testificar en perjuicio de otras personas apegado a la Primera y Quinta enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos.

El horror al comunismo y la persecución emprendida por el senador del Partido Republicano Joseph McCarthy contra personalidades de la vida pública en Estados Unidos por sus creencias políticas, fue plasmada por el periodista y dramaturgo Arthur Miller en su obra teatral Las Brujas de Salem, alegoría a la “caza de brujas” hecha por el Comité de Actividades Antiamericanas en la década de 1950. Miller, quien nació el 17 de octubre de 1915 en Nueva York -hace 99 años-, enfocó sus temas en la crítica social, como lo expresa su reconocida obra Muerte de un viajante (1949) en la que cuestiona la realidad del “sueño americano” y critica a la sociedad de consumo y el culto a la estética arraigado en el pueblo estadounidense.

Texto: AVN (Pedro Ibáñez)

Por este tipo de temas en sus obras sería acusado por el director de cine Elia Kazan ante el Comité presidido por McCarthy por ser miembro de un círculo literario vinculado al Partido Comunista, acusación bajo la cual fue obligado a testificar en contra de algunas personas de la industria cinematográfica.

El dramaturgo, quien fue esposo de la actriz Marilyn Monroe, se negó a testificar en perjuicio de otras personas apegado a la Primera y Quinta enmiendas constitucionales, que permiten la libertad de asociación y evitan la autoincriminación, por lo cual fue acusado de desacato, sentencia posteriormente anulada por un tribunal de apelaciones.

En el artículo Why a wrote the crucible? (¿Por qué escribí Las Brujas de Salem?), publicado en el diario The New Yorker en 1996, —luego del estreno de la versión cinematográfica producida por Twenty Century Fox, protagonizada por Daniel Day-Lewis y Winona Rider—, Miller expone su motivación de escribir esta obra teatral, estrenada en plena histeria anticomunista de posguerra.

La trama ocurre en Salem, Massachusetts, en 1652, cuando se acometió con una caza de brujas en la población motivada por el fanatismo religioso y las pugnas internas entre familias, que devino en la acusación de unas 200 personas, de las cuales 25 fueron condenadas a la horca. “Sentí que finalmente había encontrado algo de mí en todo esto, y una obra comenzó a gestarse”.

Interpretación de "The Crucible" por Arthur Miller, hecha por The Arclight Theatre en 2008.  Fotos de Ron Marotta

Interpretación de “The Crucible” por Arthur Miller, hecha por The Arclight Theatre en 2008. Foto de Ron Marotta

Miller recuerda que en los juicios de Salem fue aceptada la prueba de “evidencia espectral”, con la cual el agraviado podría acusar a su agresor de haberle enviado un espíritu para controlar su mente y acciones, causando la condena al acusado, a menos que reconociera que había tenido contacto con el Diablo.

Prosigue el autor ganador del Premio Pulitzer, “tantas prácticas de los juicios de Salem eran tan similares a aquellas empleadas por los comités de del Congreso, que finalmente podía ser acusado de tergiversar la historia con fines ideológicos”, sin embargo siguió adelante con su guión a sabiendas que “nunca hubo brujas pero ciertamente había comunistas”. En esta alegoría, explica Miller, la veracidad de la confesión se basaba en la acusación de quienes hubieran sido vistos “en la compañía del Diablo”, porque realmente “no eran las acciones de un acusado, sino los pensamientos e intenciones de su mente alienada” los que le producirían daños a la sociedad.

“Cuanto más leía acerca del pánico de Salem, más se acercaba a las correspondientes imágenes de experiencias comunes en los años cincuenta: el viejo amigo de una persona que estaba en la lista negra cruzando la calle para evitar ser visto hablando con él; las conversiones de la noche a la mañana de ex militantes de izquierda transformados en patriotas”.

El autor recuerda que esta cacería de brujas anticomunista se tradujo en el veto y cancelación de algunas obras teatrales sin pronunciamiento alguno por parte del sindicato de dramaturgos, suicidios de actores que fueron objeto de las acusaciones y exilios como el de Charles Chaplin.

Las Brujas de Salem le llevó a Miller más de un año en su creación, está compuesta por cinco actos con un elenco de 21 actores y fue estrenada el 22 de enero de 1953 en Broadway, Nueva York, momento en que fue atacada por la crítica. Sin embargo, envejeció muy bien con más de seis millones de copias vendidas, una adaptación fílmica francesa hecha por Jean-Paul Sartre (1957), la versión hollywoodense (1996) con guión de su propio autor, dos series para televisión y un sinnúmero de montajes teatrales en todo el mundo.

“Desde Argentina hasta Chile y Grecia, Checoslovaquia, China, y una docena de otros lugares, la obra parece presentar la misma estructura primitiva del sacrificio humano frente a la furia del fanatismo y la paranoia que continúa repitiéndose como su estuviera plantada dentro del cerebro del hombre social”, concluye.

Miller, quien falleció el 19 de febrero de 2005, retrató con esta obra la falsa heroicidad chovinista en la que es glorificada la delación y condenada la asociación política, cuya verdadera lección es el aprendizaje de antivalores como el odio, la traición y la venganza de clase.

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