Gustavo Petro reivindicado

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Petro y su perro Bacata caminando de nuevo a su despacho este 23 de abril. Foto: Agencias

A continuación presentamos uno de los artículos del experimentado y dilatado periodista Hernán Mena Cifuentes, quien desde la Agencia Venezolana de Noticias lanza por los medios electrónicos sendos análisis como este relacionado con el alcalde de la ciudad de Santa Fe de Bogota, Gustavo Petro. “Fue una decisión política revanchista nacida del odio y venganza de mentes enfermas, herederas de la miseria humana de quienes, tras la muerte de Bolívar, cegados por la ambición arrojaron al país a los abismos de una guerra continuada que próxima a cumplir 2 siglos sigue cobrando su absurda cuota de violencia, destrucción y muerte”.

Por: Hernán Mena Cifuentes (AVN)

“Ver que los ardides del zorro triunfan sobre la justicia del león, llevan al creyente a dudar de la Justicia”, dijo Khalil Gibran, y esa duda se adueño de millones de colombianos, al ver cómo el alcalde bogotano Gustavo Petro era destituido y se le prohibía ejercer cargo público alguno durante 15 años.

Fue una decisión política revanchista nacida del odio y venganza de mentes enfermas, herederas de la miseria humana de quienes, tras la muerte de Bolívar, cegados por la ambición arrojaron al país a los abismos de una guerra continuada que próxima a cumplir 2 siglos sigue cobrando su absurda cuota de violencia, destrucción y muerte.

Un acuerdo concertado por un círculo de delincuentes de cuello blanco que han hecho de Colombia al igual que sus antepasados, su fuente de riqueza mal habida y que, para conservarla no se detienen ante nada ni ante nadie, recurriendo unas veces a la eliminación física y otras, a la muerte política, como trataron hacerlo con el alcalde Petro.

Una larga novela de suspenso e intriga ambientada en un país de asombrosa belleza natural y un pueblo que a pesar del trágico drama humano que vive, se ha refugiado en el Realismo Mágico, antídoto que para ayudarle a sobrevivir a su tragedia le regaló Gabriel García Márquez, El Gabo, uno de sus más preclaros hijos.

Un héroe, Gustavo Petro, y un villano, Alejandro Ordoñez son sus protagonistas centrales, acompañados de personajes secundarios, que no obstante, juegan destacado papel en lo que, lejos de ser una obra de ficción constituye la macabra realidad de un proceso judicial plagado de toda la miseria humana que corroe a quienes lo impulsaron.

Petro, el héroe de esa realidad novelada, un brillante profesional de la economía que en su juventud fue guerrillero del M-19, organización que una vez abandonada la lucha armada se convirtió en el partido político Unión Patriótica, -UP-, creyendo en la promesa de paz que le hicieron

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Foto: Agencias

Sus principales dirigentes y otros 3.500 de sus miembros fueron asesinados en el marco de un proceso de exterminio adelantado por el narcotráfico, los paramilitares y el ejército colombiano, genocidio al que Petro sobrevivió para dedicarse de lleno a la actividad política.

Antes de ser elegido Alcalde de Bogotá, el más importante cargo publico en Colombia después de la Presidencia de la República fue Senador y aspirante a la primera magistratura, pero fue desde su curul senatorial donde se se destacó como líder de la campaña de denuncia contra la Parapolítica, vicio que corroía y aún corroe al país.

Como resultado de la denuncia, una tercera parte de los miembros de Senado colombiano fueron procesados y encarcelados, la mayoría de ellos pertenecientes al entonces presidente, Álvaro Uribe, quien a su vez aparece en la lista elaborada en 1991 por la DIA, -Defense Intelligence Agency-, del Pentágono, bajo el No.82.

Por su parte, Ordoñez, el villano de la trama, exhibe como tal, una trayectoria diametralmente opuesta a la de Petro, caracterizada por episodios en que actúa como psicópata fanático religioso que lo lleva a cometer actos deleznables y vergonzosos como el bibliocidio.

Ocurrió en Bucaramanga, la noche del 13 de mayo de 1971, día de la Virgen de Fátima, cuando el actual Procurador era estudiante miembro de la Sociedad Católica Pío X que invitó mediante carteles a la quema de libros, de revistas pornográficas y otras publicaciones corruptas,” en la plaza que lleva el mismo de la fanática secta.

Allí, ante centenares de asistentes a la macabra ceremonia, fueron arrojados a las llamas obras de famosos autores como Gabriel García Márquez, Rousseau, Marx y hasta una biblia que consideraron que era un objeto de pecado, según afirmaron, por tratarse de un texto no católico por haber sido editado por una iglesia protestante.

Se repetía en Colombia, lo que 38 años atrás se había dado en Alemania, cuando en la noche del 10 de mayo de 1933, otros estudiantes fanáticos, miembros de la Juventud Nazi incineraron decenas de miles de libros de los mismos y de otros autores, con excepción por supuesto de alguno de El Gabo, que para esa fecha contaba apenas 6 años.

Quien habría de imaginar que 81 años después de suceder en Alemania y a 43 de ocurrir en Colombia, en Venezuela se repetiría una macabra ceremonia como aquellas, protagonizada por estudiantes a quienes Leopoldo López y María “Mentira” Machado, 2 aventureros políticos, les inocularon el odio del fanatismo político.

Acompañados de hordas de mercenarios, narcotraficantes, algunos de esos jóvenes, desorientados y confundidos atacaron con bombas molotov 15 universidades del país, y en una de ellas, la UNEFA, de San Cristobal asaltaron la biblioteca incinerando millares de textos, fuente de conocimientos para los alumnos de esa Alma Mater.

En Maracay incendiaron la Galería de Arte de la Municipalidad, destruyendo decenas de cuatros de famosos pintores, lo mismo que la Exposición Fotográfica de destacados maestros cuyos valiosos trabajos fueron pasto de las llamas.

Qué contraste tan grande el que presentan a través de sus realizaciones Gustavo Petro y Alejandro Ordóñez, la del primero, ejemplo de una causa al servicio del Bien y la Patria de un pueblo que aspira alanzar la justicia que por casi dos siglos le ha sido negada.

Mientras que la obra de Ordóñez dedicada durante la primera fase de su vida a servir a un fanatismo religioso destructor de la Sabiduría que se aprende en los libros que una vez quemó, hoy, cuando pasa a la segunda de su infructuosa existencia se convierte en servidor del Mal representado por los verdugos de Colombia.

De quienes como Uribe a través de la Procuraduría General buscabam apagar las voces de Petro, de Piedad a los que pretendió despojar de sus cargos y condenar a la muerte política por clamar igualdad y Justicia para millones de colombianos que por culpa de esos genocidas desconocen la existencia de esos valores humanos.

Hoy el pueblo celebra el regreso de Petro la Alcaldía que le arrebató de un plumazo Ordóñez y que a 1 año y 4 meses de haberla perdido, el Presidente Santos, tras haberse negado en principio a aceptar las medidas cautelares de la CIDH se vio obligado a cumplirlas tras la sentencia del Tribunal Superior de Bogotá que le 48 horas para hacerla efectiva.

Bogotá tiene de nuevo a su alcalde a quien apoyó noche y día en concentraciones y marchas multitudinarias que en cualquier volverán repetirse para celebrar junto a su líder, “el triunfo de la justicia del león sobre los ardides del zorro” despejando con ello las dudas que sobre la existencia de ese valor supremo en algún momento tuvo su pueblo.

 

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