EN FOTOS: Diablos Danzantes de Ocumare y de Naiguatá se presentaron en La Estancia

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Los diablos de Naiguatá. Foto: AVN

Este sábado, dos de las once cofradías de Diablos de Corpus Christi -recientemente declaradas patrimonio cultural de la Humanidad por la Unesco- se presentaron en Pdvsa La Estancia, en Caracas, como una forma de que el público capitalino conozca esta tradición religiosa venezolana.

Texto y fotos: AVN

En Naiguatá, estado Vargas, un río de diablos danzantes desciende desde el  Cerro Colorado los días de Corpus Christi, luego de que sonara la campana de la capilla de Pueblo Arriba, señal de que la misa del Corpus Christi había concluido. Seguidamente, el repique de tambor da paso a unas 1.500 personas de todas las edades y sexos, quienes  pagan sus promesas frente a los pies del Santísimo Sacramento de postrar al maligno y comprometerse a ser “mejores diablos”.

La ceremonia mágico-religiosa data de tiempos coloniales del siglo XVII, y  los diablos usan atuendos coloridos pintados a mano, con motivos que evocan la lucha entre el bien y el mal, acompañados con campanas y una máscaras generalmente con figuras zoomorfas de peces, calamares, hipocampos, cabras, serpientes, entre otras figuras del imaginario colectivo que recuerdan al maligno.

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En Ocumare de la Costa, estado Aragua, los diablos danzantes bailan dos días en la semana de Corpus Christi: el jueves y el domingo de la octavita. El capataz mayor de la cofradía de los diablos de Ocumare de la Costa, José Echenagucia, cuenta que todo el año dictan talleres sobre elaboración de máscaras, ejecución de cuatro, baile de diablos, confección del traje, entre otras actividades que han garantizado la transmisión oral de esta tradición ancestral a los más jóvenes.

La Iglesia parroquial de San Sebastián, en el pueblo de Ocumare es el lugar donde danzan cada jueves de Corpus Christi y en la zona de El Playón lo hacen el domingo de octavita. “Hice una promesa por la salud de un hermano”, comenta Echenagucia remontándose al origen de su incorporación a este rito protagonizado por promeseros que se rinden ante el Santísimo Sacramento, simbolizando la rendición del mal ante el bien.

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 La capa del traje de Ocumare es acampanada, no es cuadrada como la de otras cofradías. El pantalón lleva unas borlas colgantes para que sea “más vistoso”, y todo el traje tiene cruz de palma como protección religiosa. Las mascaras de Ocumare no reflejan la jerarquía de sus promeseros, para ellos está en el rejo o mandador, que es el utensilio de cuero que llevan en la mano izquierda para “poner orden” en la danza diablesca.

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 “En Yare la jerarquía está en los cachos de la máscara, pero aquí en Ocumare la jerarquía está en el rejo y se reconoce por los nudos”, explica con precisión. El mandador o rejo del capataz mayor tiene cuatro nudos, y los nudos simbolizan la jerarquía. Cada nudo tiene una oración, hay un tiempo que se vela para bendecirlo bien, comenta.

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