Un pueblo dispuesto a todo por ver a su Comandante por última vez

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Las redes de Internet nos han permitido conocer historias conmovedoras de personas de todo el país, de gente que estuvo dispuesta a sufrir lo inimaginable por ver a su líder. @Triple_HP, quien prefiere identificarse solamente como “Hugo P.”, es un conocido tuitero venezolano, que viajó 10 horas el miércoles desde el Estado Bolívar y luego estuvo doce horas en cola el día jueves, tratando de ingresar a la capilla ardiente en la Academia Militar para ver a su Comandante Hugo Chávez. No pudo hacerlo. Sin embargo, su testimonio, contado a través de la red social Twitter, se convierte en un relato excepcional, único y de primera mano de lo que miles vivieron ese día, y de todo lo que fueron capaces de hacer, de resistir y de luchar por darle un último adiós a su Comandante en Jefe.

Texto: Alba Ciudad, usando los testimonios de @Triple_HP, Victoria Andrade y  Mireya Bolett
Fotos: Oswaldo Rivero “Cabeza’e Mango”

 

Él nos cuenta:

“Ayer (jueves) escuché tantas cosas de gente que supuestamente “no está preparada para asumir el poder”. Verga, ¡el pueblo es sabio y está claro!

En la cola conocí a la Sra. Amelia y su hija Cristina. Venían de San Cristobal, llevaban 18 horas de viaje y teníamos como 5 horas en la cola. La señora no aguantaba más, se sentaba y decía “yo vine a despedirme de Chávez y no me voy de aquí sin decirle adiós”. Y rompía en llanto. Y con la voz cortada, tomaba fuerzas de donde no tenía y decía: “además, vine a hacerle una promesa a mi Comandante. Así me muera, prometo que luchare por tus ideales mi Chávez, mi Hugo”. Y lloraba de una manera que era imposible no llorar con ella.

Espero que la señora haya podido llegar…

Hubo un momento increíble, como a eso de las doce. La cola estaba relativamente organizada, una serpentina interminable que crecía cada minuto. Se decía que la cola llegaba a la la Plaza de Los Símbolos, y de repente se viene una multitud indescriptible. No caminaban, ¡marchaban! A su paso se llevaron todo por delante. Arrasaron con las colas, las divisiones que había bajo los monolitos y pasaron. Eran miles, ¡millones!”

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Continúa Triple_HP: “Los que estábamos en la cola nos quedamos sin habla. Las miradas de incredulidad, de asombro eran unánimes. Todos pensaron que ahora nunca llegaríamos. La Guardia Nacional Bolivariana tardó casi 4 horas en lograr orden. En ese tiempo no avanzamos ni un centímetro. Allí fue cuando decidieron alargarlo a 7 días”.

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Ya para ese momento el ministro Villegas había declarado para los medios que iba a ser muy difícil que todos pudieran ver a Chávez, que “matemáticamente era imposible”. Que la muerte del Presidente Chávez era algo para lo que nadie estaba preparado, y que la logística se estaba organizando poco a poco. Triple_HP continúa:

“Pasaron los escuadrones antimotines con escudos, la gente se encadenaba de brazos para evitar que se colearan. Había una determinación por lograr llegar a despedirse que era más grande que el hambre, el sueño, el dolor de piernas,el sol y la sed. La gente compartía agua, comida, se turnaban para descansar, se echaban cuentos, hacían catarsis contra los escualidos, noticias, se hacía de todo. Pero lo peor aún estaba por venir. Luego ya, cuando por fin podías ver el edificio de la Academia Militar, después de 12 horas y algunos incluso más la cola se convertía en un bululú impresionante. Muchos no resistieron. Los más bajos no recibían aire. Había q sacar gente a cada rato, desmayados.

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Embarazadas, viejitos y viejitas lloraban, se daban cuenta que no resistirían. Aun cuando la gente los ayudaba, los protegía, les daba ánimo. De verdad era desgarrador ver gente que tuvo que salir y lloraban por no haberlo logrado, exhaustos, incrédulos de lo que estaban viendo.

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Maduro salió en una tarima de esas que se elevan y preguntó algo, dijo algo. La gente gritaba, al rato comenzaron a llegar camiones cisterna  y otros camiones con agua. Ya yo no veía ni oía, ni sentía nada. Estaba como en un trance de muerda y aguante.

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Hubo momentos desmoralizantes. Como a 30 o 40 metros la cola se rompió, alguien en medio de la conversa no avanzó y se abrió un hueco.  La serpentina que venía subiendo se avalanzó y se metieron como 500 personas. Los que vimos eso sentimos que nunca llegaríamos. Lagrimas brotaban pero nadie se movía de su puesto, era un unánime: “aquí me quedo hasta ver al Comandante, pase lo que pase”.

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Los hombres nos turnábamos para ir a buscar agua, hielo,comida. Eran kilómetros de caminata. Los grupos cambiaban pero no la solidaridad.  Por cierto, ¡gracias a los panas de Charallave! Esa gente se movió como militantes ayudando, cuidando a los carajitos, ¡pendientes!

Los bululus que se hacían de cuando en cuando hacían inevitable que se formaran nuevos grupos. Simplemente quedabas en otro lado de la cola”.

El camarada Triple_HP  pasa entonces a “retuitear” la anécdota de otra camarada, Mireya Bolett (@mirelabolett):

Impresionante. Llegamos a las 10 de la noche del miércoles y vimos a nuestro líder a las 5 de la mañana. La espera fue solidaria. Una muchacha con una guitarra improvisaba una trova con Hindu Anderi. Alguna gente que pasaba no entendía que era un homenaje y gritaba que no era fiesta.

Era a ‘puro dolor’. Entonábamos El Elegido de Silvio Rodríguez, Venezuela, Linda Barinas, Poesía, Copla y Sabana y hasta Patria Querida. Necesitabámos darnos ánimo. En familia salimos con la firme convicción de que no regresaríamos a casa hasta ver al Presidente.

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El equipo de Alba Ciudad pudo captar en video los momentos en los que el Frente de Creadores Militantes cantaba junto con el pueblo en homenaje al Comandante Chávez:

Otra camadara, Victoria Andrade (@Vikkky), también conversó por Twitter con Triple_HP y le contó su propia historia:

A las 12 estaba en el puente entre El Valle y Los Próceres. Llevábamos horas sin movernos, tratando de organizar la cola. A  nosotras y nosotros no nos organizó la GNB. Unos chamos y chamas del INCES tomaron la iniciativa y todos iban colaborando.   Desde el puente vimos que empezaron a correr. Se rompieron las cadenetas humanas, el orden. La marea se dispersó por Los Próceres. Estupefactos llegamos a los monolitos. Más caos. Habíamos roto los grupos de lágrimas, solidaridad y bromas. No entendíamos.

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Caminamos hacia adelante, a la Academia. Cuando llegamos solo había miles que, igual de perdidos y perdidas, coreaban: “queremos ver a Chávez”. Por tu cuento tengo otra parte de la historia… Eso sí, como dices, por todas partes abundaban 2 cosas: Amor y solidaridad.

Triple_HP continúa:

Lo peor que nos pudo pasar fue cuando avisaron que no iba a pasar mas nadie porque comenzaría el acto protocolar con los invitados. Imposible describir los que se sintió, las fuerzas se esfumaron por completo. Las circunstancias nos ganaron, era fisicamente imposible continuar. Lo único que nos mantenía en pie era que estábamos cerca. Cuando avisaron lo del acto… ¡uffff! Eso fue lo peor. Yo sentí que el corazón se me partió en dos. Ya no podía mas y así como yo, unos cuantos cientos que se fueron saliendo con el tiempo.

Nilka Calderón le escribió: “Imagínate la experiencia de cada uno. Una historia, el común para todos es la carga de amor, de amor infinito”.  Nuestro protagonista le respondió de forma sencilla: “Si, ¡eso lo logra solamente un hombre como Chávez!”

El orden y la logística mejoraron muchísimo los días viernes y sábado, en particular luego del anuncio de Nicolás Maduro de extender a siete días la capilla ardiente. En estos momentos, decenas de miles de personas llenan Los Próceres, en particular quienes viven en el interior o trabajan en empresas privadas y no podrán verlo durante la semana. Otros que viven muy lejos, como Hugo P., no podrán verlo aún. Él nos manifestó que comenzará pasantías el lunes y probablemente no podrá viajar de nuevo para darle un último adiós al máximo líder de la Revolución.

Tal vez no pueda verlo físicamente “por ahora”, pero sin duda que sus ojos no descansarán de ver su obra, el trabajo que hizo por su pueblo, y la nueva generación que, en cada mirada, en cada sonrisa y en cada acción, son el mejor legado que el Comandante Hugo Chávez nos dejó a todas y todos nosotros.

 

 

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